El aumento de residuos de equipos presiona sistemas formales de tratamiento en varios países.
El crecimiento de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) plantea desafíos estructurales para la gestión y reciclaje global, con cifras que superaron los 62 millones de toneladas en 2022, según el Global E-waste Monitor 2024 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la Universidad de las Naciones Unidas, pero solo 22,3 % fue formalmente recolectado y reutilizado, lo que evidencia brechas en la infraestructura.
En América Latina la situación es más crítica: de acuerdo con el Regional E-Waste Monitor for Latin America elaborado por el Programa Sustainable Cycles de la ONU y UNITAR, casi 97 % de los residuos electrónicos generados en 13 países se gestiona de forma inadecuada y apenas 3% se recolecta y trata a través de canales formales, pese a un incremento del 49% en la producción de e-waste entre 2010 y 2019.
Ese mismo análisis señala que en 2019 la región generó aproximadamente 1,3 millones de toneladas de basura electrónica, lo que equivale al peso de una fila de camiones cargados de 40 t que se extiende por más de 670 km, y que solo una fracción mínima es tratada con métodos ambientalmente seguros.
Limitaciones
La falta de infraestructura no solo limita la separación y recuperación de metales valiosos, sino que también reduce las posibilidades de crear mercados sólidos para materiales reciclados. Según el reporte, estos materiales recuperables podrían representar hasta 1,7 mil millones de dólares si se gestionaran de manera ambientalmente adecuada, un potencial que se desperdicia por la deficiente gestión.
Ante estas brechas, expertos y organismos multilaterales resaltan la necesidad de fortalecer regulaciones y cooperaciones regionales. La UNIDO Regional E-Waste Monitor destaca que los países que avanzaron en marcos normativos vinculados a responsabilidad ampliada del productor y mejoras en infraestructura muestran mejores perspectivas para integrar sistemas formales de recolección y reciclaje, una pieza clave para cerrar el ciclo de vida de los equipos.




